Las mudanzas o danzas mudas.
Me encuentro en medio de una mudanza. Y antes de tener un sentimiento negativo he transmutado esta vivencia para verla como una actividad sanadora, catártica como dirían nuestros sabios griegos.
La mudanza te permite conocerte en el aquí y en el ahora. Observarás gran cantidad de objetos de tu vida pasada que te harán pensar, recordar, soñar, elegir. Hay en una mudanza una actualización de tu ser. Vemos quienes fuimos y nos preguntamos si queremos seguir siendo así, sí ese objeto o tela ha obtenido el estatus para poder estar en la vida actual.
Esto implica una criba de tu vida, un aceptar el pasado como algo pasado que ya no necesita un objeto para permanecer en el presente.
Necesitamos espacio para llenar nuestra vida de futuribles y si no vaciamos el pasado de nuestro hogar no nos abriremos a la persona que llegaremos a ser mañana. El pasado no va al vaciarse. Este es el gran dilema humano, un origen posible de ese síndrome de Diógenes que caracteriza a la sociedad capitalista. Pensamos que sí nos deshacemos de objetos, nos deshacemos de nuestra historia.
Ante este dilema, hemos de pensar en otras formas más creativas para perdurar en la historia y no solo en llenar en el espacio relajante que debería ser nuestra casa, el hogar.
Ante estas reflexiones me encuentro mientras escuchó el silencio y un poco de aceite de almizcle con su vela. El silencio...nos da tanto miedo el silencio que siempre tratamos de llenar el espacio ya sea con la televisión, la cual encendemos nada más llegar a casa y no apagamos hasta que nos acostamos, por el hecho de escuchar ruido. El suelo como hace que nos cuestiones y escuchemos nuestros pensamientos mientras se interiorizan con nuestro ser. Somos en el silencio y esta sociedad es la sociedad del no ser, sino del hacer. Y a veces, así nos va...
viernes, 14 de septiembre de 2018
La danza de la vida
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